domingo, 23 de octubre de 2016

Bares

Hacía frío, no mucho pero el suficiente para necesitar refugio, las cosas iban a cambiar a partir de ese momento y ambos teníamos una mezcla de sentimientos, para mi había miedo a que fuera un sueño, expectación de algo nuevo, ansiedad de sentirte cerca y un cierto punto de necesidad; con el tiempo confesaste, que para ti un pequeño punto de un miedo al que dirán, la necesidad de que te aceptara como eras y la expectación de algo que querías desde hacía tiempo, habían sucedido muchas cosas desde la primera vez que nos vimos y habíamos hablado de muchas mas, pero ese era el primer día, después de un cambio inexorable, las cosas tenían que cambiar, quedamos a medio camino entre tu casa y la mía y decidimos dejarnos llevar,

Llegué algo mas de un cuarto de hora pronto, sabía que llegaba muy pronto, pero no quería hacerte perder ni cinco minutos esperándome, lo que no sabía es que tu habías llegado mas de media hora y que ya  habías visto ya que había una cafetería a menos de veinte metros donde poder refugiarnos, y que ya llevabas dos cigarrillos de los nervios. Apenas dos minutos después de que llegara apareciste por detrás mío, y me tapaste los ojos, tus manos estaban frías, pero para mí, en ese momento, la calidez que desprendían era increíble.
-Siento hacerte llegar tarde- dijiste, disculpándote.
-¡pero si llegas pronto! ademas, yo he llegado demasiado pronto, son menos cuarto, y habíamos quedado a en punto.-
Me di la vuelta y el olor a tabaco inundó mi nariz, nos quedamos a centímetros, miré hacia arriba, y aquello fue una eternidad, por mi mente pasaba de todo ¿Qué tenía que hacer? ¿Te besaba? ¿Donde? y en ese momento me di cuenta, estaba tan cerca que podía sentir tu respiración y casi tu pulso, ¿O era el mío? y me quedé dudando,  realmente eras increíblemente guapa,  te acercaste un poco mas e instintivamente cerré los ojos, tus labios chocaron con los míos y obtuve mi respuesta, e hice lo que quería hacer, abrazarte tan fuerte como fuera posible. Solamente podía pensar en que deseaba que no fuera un sueño y que ese abrazo no se acabara nunca, pero las cosas buenas siempre se acaban; te retiraste, lo justo para que el abrazo siguiera, pero ya sin besarnos y con un hilo de voz como si fuera una confidencia dijiste
-Bueno, ¿Que hacemos?-
-Se que sonará muy ñoño, pero cualquier cosa mientras esté contigo-
-Muy bueno Sherlock, me refería a algo mas tangible como algo para hacer esta tarde.-
-Lo siento- me disculpé dándome cuenta de que no había pensado en que realmente era una cita - pero no lo había pensado, podemos dar una vuelta, aunque a lo mejor, para ti hace un poco de frío-
-Venga, te invito a un café,o té, o cola-cao, lo que tomes-
-Café está bien, y cola-cao nunca, que en mi casa somos de nesquick, ese polvo es imposible de deshacer.- te reiste con la loca ocurrencia,

 Miraste a un lado y a otro como buscando algún lugar y "encontraste" la cafetería mas cercana,
-Ahí hay una cafetería, podemos entrar a ver que tal.-
te solté para mirar hacia donde habías decidido que fuéramos y encontré Aquella losa blanca indicaba las dimensiones externas del bar, que a todas luces era pequeño y estaba coronada con un letrero que había visto tiempos mucho mejores, te miré y asentí, cogí tu brazo para andar contigo y me recriminaste con razón
-Eh, que no soy una anciana a la que tienes que llevar-
-ya, pero es lo mas cerca de ir abrazado a ti que puedo ir-  pusiste los ojos en blanco, dejaste escapar un pequeño suspiro y me explicaste algo que me dejó alucinado. -*sigh* como se nota que eres joven-
 me quejé haciendo la réplica a su queja anterior
- Eh ¿ahora eres tu la que se mete conmigo?- ambos nos reímos como si fuera el mejor chiste de la semana, cuando recuperamos el aliento me sugirió
- Coge mi mano anda y mira todo lo que se puede expresar con ella, que sino vamos a parecer ancianos.-
Acercó su mano a mi cara, cuando mi mano cogió la suya noté que estaba fría, pero a la vez irradiaba una calidez que me generaba bienestar
-Ahora crees que estamos juntos ¿verdad? pues mira, si te aprieto la mano a que parece que nos estamos dando un abrazo. Ese es el increíble poder de las manos.-
Bajé las manos y ahora ya por fin comenzamos a andar, en dirección a aquel local,  cuando apenas habíamos dado unos pasos lentos y casi titubeantes agarró mi mano con fuerza, la miré y dejó de hacer fuerza, pero continuó con su explicación. - Y lo mejor de todo, es que sólo tu y yo sabemos de esto, así que es algo nuestro, como un abrazo o una palabra de ánimo en un mal momento- de repente, los pasos ya no eran titubeantes, cuando llegamos a la puerta,  miramos dentro, dejé a tu criterio decidir si entrabamos o no.
- Bueno, no parece del todo horrible ¿no?- me preguntaste deseosa de saber mi pensamiento
- Un poco oscuro, pero supongo que no importa-
Abrí la puerta y te cedí el paso para que entraras, te miré el culo descaradamente y pensé que era impensable que alguien con ese tras'ero quisiera salir conmigo y miré dentro.
Detrás de la pesada puerta de cristal estaba el típico bar de barrio, a la izquierda una barra de madera, que debió de tener sus mejores años cuando el cartel de la entrada era nuevo, al fondo una televisión sobre una plataforma, justo debajo los dos baños,  diez mesas en total,  repartidas como cuatro a la derecha desde poco después de la barra hasta el final de la misma y luego seis mas en el fondo entre el final de la barra y los baños, frente a este grupo de mesas estaba la cocina, que por una pequeña ventana daba a la barra. Dimos un par de pasos hasta entrar del todo en el local, se acercó desde el fondo de la barra un señor, de unos cincuenta años, con el pelo corto y canoso, una barba casi blanca que saludó de inmediato a recibirnos.
-Buenas tardes, ¿Qué os puedo poner?-
Dejé que mi compañera llevase la voz cantante haciéndolo mas fácil para mi. - Yo quiero un café con leche, con la leche caliente y dos de azúcar ¿y tú?- Apretó mi mano marcando a la vez, el momento de hablar y dándome fuerzas para continuar.
-Yo quiero un café solo con hielo.- Sentí como ambos me miraban como si no se lo creyeran
-Claro, con el calor que hace es lo normal,- el camarero ironizó.
-No me gustan las bebidas calientes.- me justifiqué.
-Ahora mismo os los sirvo, poneos donde queráis.-
nos miramos e instintivamente nos fuimos a la esquina mas escondida y alejada de la puerta, y del cristal.
nos sentamos en la mesa,  en sitios contiguos, el suyo al lado de la pared y el mío de espaldas a la puerta.

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